Mi responsabilidad fue la dirección de arte integral de la campaña: la selección de los referentes cinematográficos, la construcción de los escenarios imposibles, la integración de los vehículos respetando iluminación, perspectiva y atmósfera, y el retoque final. La decisión más crítica fue el tono: oscuro, cinemático y casi hiperrealista, para que la complicidad cultural funcionara sin perder credibilidad visual.
Desarrollado en dupla creativa.